Publicado 8 de mayo de 2026 en Equipos Shure, Novedades, Uncategorized por Elisa Flores

El Shure SM57 y el SM58 no son sólo micrófonos. Son los responsables de convertir cada interpretación en un sonido claro, envolvente y memorable.
Más que herramientas de audio, ambos modelos representan una parte esencial de la historia de la música y la producción profesional. Su resistencia, versatilidad y calidad de sonido los han mantenido vigentes a través de generaciones. Hoy celebramos el legado de dos micrófonos que no sólo definieron un estándar, sino que siguen siendo la elección favorita entre músicos, ingenieros y creadores de contenido.
El Shure SM57 y el SM58 no son sólo micrófonos. Son los responsables de convertir cada interpretación en un sonido claro, envolvente y memorable.
En el año de 1962 había un gran reto. Los ingenieros de audio de Shure estaban en un dilema: las grandes televisoras y radiodifusoras del mundo necesitan un micrófono que aguante el caos del directo, que rechace el feedback de los altavoces, que suene natural en la voz… y de gran durabilidad.
Nadie tenía solución. No todavía.
El hombre encargado del reto fue Ernie Seeler, un ingeniero de Shure apasionado de la música clásica. Pasó tres años sometiendo prototipos y el resultado fue la cápsula Unidyne III, introducida por primera vez en el modelo 545 en 1959, y que en 1965 daría vida al Shure SM57 y un año después, en 1966, al Shure SM58.
Cuando el SM57 fue presentado al mercado en 1965, sus siglas SM no tenían nada que ver con el escenario. “SM” significa Studio Microphone —Micrófono de Estudio—, y la intención original era que sirviera en estudios de televisión, donde el color negro mate del acabado era fundamental para no generar reflejos bajo las cámaras.
Su primer gran contrato fue con la Casa Blanca: ese mismo año, el presidente Lyndon B. Johnson fue el primer mandatario estadounidense en pronunciar un discurso frente a un SM57. Desde entonces, sin excepción, todos los presidentes de los Estados Unidos han hablado ante ese mismo modelo. Ningún SM57 ha fallado jamás en ese servicio.
El SM58 apareció un año después con una diferencia aparentemente menor: una rejilla esférica con filtro antipop integrado que alejaba ligeramente el diafragma de la fuente de sonido. Las ventas iniciales fueron catastróficas: en 1966, se vendieron apenas 145 unidades en todo el mundo. Shure llegó a contemplar seriamente descontinuar la línea completa hacia 1970.
Lo que salvó al SM58 fue una apuesta de un ingeniero de ventas que pidió permiso para llevar los micrófonos a los clubes nocturnos de Las Vegas. Los ingenieros de sonido en vivo, lidiando con los precarios sistemas de PA de la época, descubrieron algo que los estudios no habían valorado: la capacidad de rechazo de feedback del SM58 era incomparable. Lo demás es historia conocida.
Roger Daltrey de The Who fue uno de los primeros en adoptarlo, y lo eligió específicamente porque era el único micrófono que seguía funcionando después de hacer su famoso truco de lanzarlo girando en el aire. Frank Sinatra lo usó toda su vida; cuando en 1977 un representante de Shure intentó mostrarle el SM59 como sucesor, Sinatra cantó unos compases, lo tiró al otro lado de la sala y pidió que le devolvieran su SM58.
Tanto el SM57 como el SM58 comparten exactamente la misma cápsula dinámica de bobina móvil, el mismo imán y el mismo transformador. Son, en términos de ingeniería interna, el mismo micrófono. Y sin embargo, suenan diferente. La razón está en algo tan aparentemente trivial como la rejilla.
SM57 — La rejilla plana integrada:
La rejilla del SM57 es parte de la propia cápsula. Esto permite colocar la fuente de sonido a distancias muy reducidas del diafragma, lo que activa el efecto de proximidad: un refuerzo natural de las frecuencias graves que le da cuerpo y calidez a cualquier fuente.
Su respuesta en frecuencia se extiende de 40 Hz a 15 kHz, con un pico de presencia pronunciado alrededor de los 6 kHz que añade brillo y claridad, ideal para instrumentos, pero también para voces que buscan definición.
SM58 — La rejilla esférica con filtro antipop:
La bola del SM58 no es sólo estética. Está diseñada para deformarse al impacto sin dañar la cápsula. Además, al alejar el diafragma unos milímetros adicionales de la fuente, atenúa el efecto de proximidad, lo que da un sonido más controlado y menos susceptible a resonancias en graves no deseadas.
La respuesta va de 50 Hz a 15 kHz, con el roll-off de bajos calibrado específicamente para la voz: reduce las frecuencias que generan turbidez en la locución y refuerza el rango de presencia entre 4 y 7 kHz donde la inteligibilidad vocal es máxima.
Hoy, el landscape del audio ha cambiado radicalmente. Un creador de contenido en Ciudad de México o Buenos Aires graba en una habitación sin tratamiento acústico, con vecinos, con aire acondicionado, con el ruido de la calle. Las condiciones son, paradójicamente, más parecidas a las de un club nocturno de Las Vegas en 1968 que a las de un estudio profesional.
Y aquí es donde la ingeniería de los años 60 resulta más relevante que nunca:
La respuesta en frecuencia del SM58 —con su roll-off de bajos y su énfasis en medios-altos— reduce naturalmente los problemas de reverberación de habitaciones sin tratar. Un micrófono de condensador de gran diafragma capta todo: la reflexión de las paredes, el ruido del ventilador del ordenador, el sonido del teclado. El SM58 capta principalmente lo que está frente a él.
El patrón cardioide rechaza sonidos laterales y posteriores. En un setup de streaming, esto significa que el ruido de la habitación, los clics del teclado o la notificación del teléfono quedan fuera del plano de captación.
La pregunta que todos los podcasters, streamers y locutores se hacen tiene una respuesta más matizada de lo que parece.
Elige el SM58 si:
Elige el SM57 si:
El veredicto honesto: para un setup de podcast o streaming exclusivamente vocal, el SM58 gana por su diseño optimizado para la voz. Para un home studio donde también grabas música o instrumentos, el SM57 es el micrófono más versátil.
La pregunta incómoda merece una respuesta honesta.
Sí, existen micrófonos de condensador de gran diafragma que captan un rango más amplio de frecuencias con mayor detalle. Sí, hay cápsulas de estudio que cuestan cinco veces más y que en condiciones perfectas suenan más detalladas. Pero en el mundo real —habitaciones sin tratar, conexiones a interfaz de audio doméstica, voces no entrenadas a distancias variables— los principios de diseño del SM57 y el SM58 siguen siendo los más prácticos y efectivos.
Lo que Ernie Seeler hizo en la década de los 60 fue diseñar un micrófono no para las condiciones ideales, sino para las condiciones reales. Y las condiciones reales del audio —ruido, impredictibilidad, presupuesto limitado, operadores humanos no perfectos— no han cambiado fundamentalmente en 60 años.
Los streamers de Twitch, los podcasters de iVoox y Spotify, los locutores de radio digital y los creadores de YouTube que hoy usan el SM58 no lo hacen por nostalgia. Lo hacen porque sigue siendo la mejor solución al mismo problema que Lyndon Johnson enfrentó en su podio en 1965: que la voz suene a voz, sin importar qué esté pasando a su alrededor.
Desde la cabina de locución de 1965 hasta el setup de streaming del 2026, el Shure SM57 y el SM58 han protagonizado exactamente el mismo acto: desaparecer. No en el mal sentido, sino en el mejor: un buen micrófono no se hace notar. Solo hace que la voz, el instrumento o la historia que se está contando llegue al oyente sin interferencias, sin coloraciones artificiales, sin el micrófono interponiéndose entre el emisor y el receptor.
Eso es lo que una cápsula diseñada hace 60 años con ecuaciones matemáticas en papel sigue haciendo mejor que cualquier otra alternativa en su rango de precio.
Y eso, en un mundo donde el audio cambia constantemente, es algo extraordinario.
